Peelings Lidherma 

Elegir el ácido es elegir cómo transformar la piel 

En gabinete, el peeling empieza en definir el ácido. No se trata de intensidad: se trata de cómo actúa, cómo penetra y qué respuesta genera en la piel. Ahí está la diferencia entre aplicar y diseñar un tratamiento. 

Dentro de la línea de peelings Lidherma, cada activo propone una lógica distinta. El Mandélico avanza de manera gradual, con buena tolerancia, ideal para acompañar pieles que necesitan equilibrio. El Glicólico, por su bajo peso molecular, permite trabajar con mayor profundidad en pieles engrosadas. El Láctico suma renovación con hidratación, aportando una piel más luminosa y flexible. 

Cuando el foco está en el poro, la estrategia cambia: el Salicílico, liposoluble, actúa dentro del folículo piloso, ayudando a mejorar el aspecto de pieles con oleosidad o tendencia comedogénica. Y cuando la necesidad es renovar sin comprometer, el PHA —con gluconolactona y ácido lactobiónico— ofrece una exfoliación progresiva, con acción humectante y antioxidante. 

A estas opciones se suma AHA’s Peeling Scrub, que combina exfoliación química y física para afinar la superficie de la piel y mejorar la permeabilidad, convirtiéndose en un recurso clave dentro de la preparación o como complemento estratégico en el tratamiento. 

Lejos de ser una técnica aislada, el peeling se construye como proceso. La combinación de ácidos, los tiempos de exposición y la secuencia definen el resultado. Layering, alternancia, segmentación: herramientas que permiten ajustar el tratamiento en función de la respuesta de la piel y el objetivo de cada sesión. 

Porque en peeling, no hay fórmulas únicas. Hay lectura, criterio y estrategia. Y es ahí donde el activo deja de ser un producto para convertirse en una herramienta real de trabajo. 

La renovación empieza en tu gabinete 

Conseguí todos nuestros peelings en distribuidoras de todo el país. 

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